jueves, noviembre 27, 2008

De imposibles y otras cosas


(...) Y es que las leyes del deseo son otras. Ni siquiera la de desear imposibles, sino, mucho más sencillamente: de que es posible desear algo imposible.
Por ejemplo: si deseáramos volar una noche, encima de nuestra ciudad o nuestro pueblo, sin aviones ni máquinas, simplemente volar una noche, solos o de la mano de alguien, volar, y aún sabiendo que es imposible, nos permitimos desearlo, ocurre que nos enteramos de algo que nos gustaría. Y eso es como una pregunta, y no hay que acallar ninguna pregunta.
Fíjate que a mí me gustaría volar una noche sobre mi pueblo.
¿Cómo las brujas?
Como los pájaros, o sí, también, como las brujas.
¿Y por qué?
Porque es hermoso, por curiosidad, porque me da placer.
A mí no, dice la otra persona, a mí me gustaría ser invisible.
Pues ocurre que no todas las personas deseamos las mismas cosas imposibles.
No es lo mismo el que desearía volar de noche, que el que desearía ser invisible.
Y he ahí que hasta en eso somos diferentes(...)

fragmento del relato "Sobre lo saludable de desear imposibles", de Luis María Pescetti.

2 comentarios:

Lorena dijo...

Y he aquí que gracias a eso muchas veces seguimos vivos... Hermoso lo que posteaste, Maby. Besos.

Juanjo Domínguez dijo...

Fuera de broma, yo he deseado volar de noche.