martes, noviembre 10, 2009

Fuerza


Tiene los ojos grandes y el pelo oscuro. Tiene la cara sucia y las rodillas del pantalón rotas. Tiene pedacitos de piedras en las manos de tanto atajar caídas. Tiene vértigo y tiene risa, sobre todo cuando la bici se desliza cinco metros. Es el Enano, que, poco a poco y pedal de por medio está aprendiendo a usar la fuerza de su cuerpo.

Probando

domingo, noviembre 08, 2009

Letra y música de domingo

Doña Ubenza
Ando llorando pa' adentro
aunque me ría pa' afuera
así tengo yo que vivir
esperanda a que me muera.

Le doy ventaja a los vientos
porque no puedo volar
hasta que agarro mi caja
y la empiezo bagualear.

Mi raza reza que pedirá
allá en los montes de caridad
no tiene tiempo ya no da más
reza que reza porqué será.
Valles sonoros de pedregal
piedra por piedra el viento va
borrando huellas a mi dolor
silencio puro es mi corazón.

Me persigno por si acaso
no vaya que Dios exista
y me lleve pa'l infierno
con todas mis ovejitas.

No sé si habrá otro mundo
donde las almas suspiran
yo vivo sobre la tierra
trajinando todo el día.

Chacho Echenique

interpretación: Dúo salteño (Chacho Echenique y Patricio Jiménez)

sábado, noviembre 07, 2009

El amor...

Desamor en la puerta de un palacio

Enamoradísima, una leona subió las escaleras de mármol hasta llegar al león de piedra y, tras un dulce suspiro, se quedó a su lado, inmóvil, dura. De pronto escuchó un ruido extraño: era el león de piedra que se marchaba.


en Breves historias de animales sabrosos, engreídos, enamorados, malditos, venenosos, enlatados, tristes, cobardes, crueles, espinosos (y otras historias), de Martín Sancia.

miércoles, noviembre 04, 2009

30 días después


No fue cualquier tía. Y no sólo porque cantaba como nadie va a volver a cantar. Ella venció miedos, armó un movimiento de la nueva canción argentina, tuvo un hijo, quedó sola, siguió cantando. Renació, renació y renació. Mil veces. Compró la casa en donde yo me crié. Con ella di me primer paseo en avión, y también mis primeras vacaciones. Antes de enfermarse del todo me retó otra vez porque estoy gorda, y porque cuando voy a Buenos Aires no me quedo en su casa. Y también lloró sin parar, porque estaba enferma y le tenía mucho miedo a la muerte. Verla irse, fue su última muestra de libertad. Se fue en paz, con la tranquilidad que pocas veces vi en un muerto, y aún así no puedo dejar de sentir esta tristeza de pozo ciego. Porque no sé cómo hubiese sido yo sin ella.
El texto que sigue lo escribí para un homenaje que le realizó mi hermano en un recital. Me costó mucho escribirlo, estoy como muda de palabras. De todas formas hoy, a un mes de su muerte, y a modo de homenaje, lo subo.

Sus manos volaron al ritmo de las melodías como pájaros en plena libertad. Su voz no se quebró nunca, ni en las peores de las tristezas, y supo desde muy chica que su destino no era sólo el de cantar. Mercedes o “Marta”, como le decía su familia, nació un 9 de julio de 1935, apenas unos días después de la muerte de Gardel. De niña sufrió frío, hambre, dolores y tristezas, como lo siguen sufriendo los niños de hoy. Con poco más que un bombo, un poncho y un amor en la valija, partió hacia Mendoza, decidida a torcer el destino de la música popular. Y lo torció nomás. Mercedes, puso en su voz a los oprimidos, volvió al seno de la tierra misma y parió la libertad de la canción. Cruzó fronteras imposibles, abrió camino para todos los músicos. Se abrazó al rock, lloró el tango, y jamás abandonó su folclore. Mercedes supo de prohibiciones, pero más supo de peleas. Mujer de brazos en alto, de lucha incansable, de libertad infinita y de voz eterna. El exilio la alejó del país cuando apenas había enviudado, y bajo su voz, tal como si fueran alas, cobijó trabajadores, estudiantes, luchadores, exiliados, madres y desaparecidos. Lo dio todo, hasta el final. Hace nada más que una semana, la “Negra”, decidió soltar su última melodía, y nosotros quedamos así de solos, así de huérfanos. Se fue como sólo saben hacerlo los elegidos, con una sonrisa de paz y la tranquilidad de haber dejado abierto el camino de la libertad, para siempre.

El nieto 98

Martín es hijo de Guillermo Amarilla y Marcela Esther Molfino. Ellos se conocieron en 1972, en la agrupación Juventud Peronista (JP) y en 1975 tuvieron a Mauricio, en Resistencia, Chaco; en 1977 nació Joaquín en Capital Federal y en 1978 Ignacio en el exilio, en Francia. En mayo de 1979, regresaron al país y se instalaron en la provincia de Buenos Aires, donde fueron detenidos y desaparecidos. En algún momento, se dio cuenta de que sus padres no eran sus padres y comenzó una búsqueda que lo fue encaminando a las Abuelas de Plaza de Mayo. Allí encontró hermanos, tíos y una familia desmembrada por la dictadura. Se acerca el número 100, a festejar.

"Martín intentó terminar de armar algo con lo que empezaba a entender de su vida el 13 de diciembre de 2007 cuando abrió un legajo en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi). Hasta ese momento, había terminado el secundario, empezó la universidad, pero dejó todo para entrar en el conservatorio de música. En algún lugar de la provincia de Buenos Aires armó una banda y se puso a estudiar acordeón de piano, era el mismo instrumento que tocaba su madre".

Fragmento de la nota "Otra historia de identidad recuperada", publicada en la edición de hoy en Página 12

domingo, noviembre 01, 2009

Letra y música de domingo

Después de un año y tres meses de la Canción del domingo, estimados lectores de Sin soltar el lápiz, a partir de ahora, y no sé por cuántos meses, se inaugura la sección "Letra y música de domingo", que como verán se trata de poner la letra de la canción y además su música. Nunca expliqué las poesías, en su momento, ni las canciones que elijo subir, sin embargo esta vez lo voy a hacer. "Canción para un niño en la calle", más concretamente la "reescritura" que hace Residente de esta poesía de Armando Tejada Gómez es la que me hizo pensar en replantear esta sección. Hoy largamos, veremos.

Canción para un niño en la calle

A esta hora exactamente,
hay un niño en la calle...
¡Hay un niño en la calle!

Es honra de los hombres proteger lo que crece,
cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
evitar que naufrague su corazón de barco,
su increíble aventura de pan y chocolate poniéndole una estrella en el sitio del hambre.

De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo
ensayar en la tierra la alegría y el canto,
porque de nada vale si hay un niño en la calle.

Todo lo tóxico de mi país a mí me entra por la nariz.
Lavo auto, limpio zapato, huelo pega y también huelo paco,
robo billeteras pero soy buena gente, soy una sonrisa sin dientes
lluvia sin techo, uña con tierra, soy lo que sobró de la guerra.
Un estómago vacío, soy un golpe en la rodilla que se cura con el frío
El mejor guía turístico del arrabal, por tres pesos te paseo
por la capital. No necesito visa para volar por el redondel
porque yo juego con aviones de papel.
Arroz con piedra, mango con vino y lo que falta me lo imagino

No debe andar el mundo con el amor descalzo
enarbolando un diario como un ala en la mano
trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
golpeándonos el pecho con un ala cansada.

No debe andar la vida, recién nacida, a precio,
la niñez arriesgada a una estrecha ganancia
porque entonces las manos son inútiles fardos
y el corazón, apenas, una mala palabra.

Cuando cae la noche duermo despierto, un ojo cerrado y el otro abierto,
por si los tigres me escupen un balazo,
mi vida es como un circo, pero sin payaso. Voy caminando
por la zanja haciendo malabares con cinco naranjas pidiendo
plata a todos los que pueda en una bicicleta de una sola rueda.
Soy oxígeno para este continente, soy lo que descuidó el presidente.
No te asustes si tengo mal aliento, si me ves sin camisa con las
tetillas al viento yo soy un elemento más del paisaje los residuos
de la calle son mi camuflaje como algo que existe
que parece de mentira, algo sin vida pero que respira

Pobre del que ha olvidado que hay un niño en la calle,
que hay millones de niños que viven en la calle
y multitud de niños que crecen en la calle.
Yo los veo apretando su corazón pequeño,
mirándonos a todas con fábula en los ojos.
Un relámpago trunco les cruza la mirada,
porque nadie protege esa vida que crece
y el amor se ha perdido, como un niño en la calle.
Oye: a esta hora exactamente hay un niño en la calle,
hay un niño en la calle


Armando Tejada Gómez – René Pérez

sábado, octubre 31, 2009

Lo que molesta


"La fiesta invisible" es el nombre del artículo que escribió para la edición de hoy la periodista Sandra Russo. Acá va un fragmento.

"Y sin embargo, en el medio de este tole tole que nos tiene a todos unidos por el agotamiento, pasan cosas sorprendentes. Cinco millones de niños hijos de desocupados o trabajadores informales tendrán un ingreso mínimo. Lo que vale una camisa en un negocio del Alto Palermo. Una tajadita. Una bienvenida a la vida, reconociéndoles lo que hoy no se les reconoce: que son personas. Las más débiles. Las que hoy mismo, como antes sus padres y sus madres, no tienen mucha conciencia del avasallamiento del que son víctimas constantes. El hambre es un crimen, sostienen los Niños del Pueblo de la CTA y las organizaciones sociales. Y qué hay con las organizaciones sociales, que algunos están descubriendo ahora, después de varios años sin piquetes. Ellas son las que más han hecho por los pobres que nos dejó el menemato. Ellas son los mismos pobres organizados. Algo de eso es lo que tiene alteradas a las señoras. Porque una cosa es ayudar a los pobres y otra que a los grasitas se les ocurra disputar poder. Las señoras no se lo plantean en estos términos. El antiperonismo tiene un fuerte carácter esteticista. Lo negro en general espanta. La política se vuelve estomacal: lo blanco no traga a lo negro".

viernes, octubre 30, 2009

Cosas de dragones


Los dragones aman a las cosas inútiles. Sienten una especial ternura por todo lo que no sirve para nada. Y una secreta admiración. Si las cosas inútiles están ahí, algún mérito deben tener.
Como las hojas secas. En especial las horas secas que tiene un agujero para mirar y descubrir lo que antes no se había visto. No es que las cosas no estuvieran, pero miradas a través del agujero de una hoja seca son otras cosas. Por eso los dragones esperan el otoño con entusiasmo. Saben que va a ser una época de descubrimientos.
También los entusiasma encontrar una piedra redonda, una piedra pulida de esas que aparecen a la orilla del río y que vaya a saber qué tiempo llevan rodando para encontrar la forma perfecta.
Los dragones las tocan suavemente, como si fuesen el frágil huevo de un pájaro, las acarician, y piensan. Tratan de imaginar el recorrido de esa piedra, desde su primer día en el tiempo y la distancia, hasta llegar en ese momento a la orilla del río para que un dragón la encuentre, la alce y la acaricie con ternura.

de Dragón, Gustavo Roldán