lunes, diciembre 11, 2006

La muerte del dictador

“Pinochet no es sólo el nombre de un viejo milico chileno sin cultura, sin moral, sin escrúpulos y sin misericordia, cuya muerte no vale ni un mínimo responso. También es un nombre que a los argentinos debe recordarnos que a veces admiramos cosas tan poco admirables y tomamos como ejemplo éxitos tan caros, que nuestros propios logros se desdibujan. La democracia chilena, en comparación con la argentina, fue desde su nacimiento más frágil, más burda y más injusta. Nació con una mano de un monstruo meciendo su cuna. Que el monstruo se muera es la ley de la vida, y no tiene nada que ver con la Justicia. Chile sigue sin haber hecho su exorcismo”. Así definió Sandra Russo a Pinochet en la nota que firma en la edición del Página 12 de hoy.
La verdad, acá también festejamos la muerte del dictador, pero en el fondo nos da tristeza ver que se murió sin una condena legal. Duele que tanta gente muerte, tanta gente que fue alejada de su patria, tantos fusilados no hayan tenido el reconocimiento de la justicia. Me hubiera gustado verlo preso, muriéndose ahí. Seguramente lo hubiera festejado más de lo que festejé ayer. Pero es inevitable preguntarse si es que los Bussi, los Videla, y todos lo demás que andan sueltos por ahí, no van a correr con la misma suerte de este terrible militar.


Link: "La muerte anunciada del dictador"
"Retrato de un dictador"

2 comentarios:

Mariano H. dijo...

La muerte por vejez es la victoria final de los tiranos. Es la última bofetada que nos dan, poniendo el tiempo de su parte y congelando para siempre la impunidad en que vivieron. Se murió así, como un abuelo cualquiera, con la mejilla en la almohada y con la mente en blanco. Tendrá un funeral solemne, no de ex presidente -nos comenta el gobierno progresista- pero seguramente mil veces más fastuoso del que tuvieron nuestros parientes. Habrá una lapida donde sus familiares y seguidores, numerosos por cierto, lo llorarán. Habrán banderas a media asta en los cuarteles y probablemente sus cachorros aullaran en esos recintos. Vivió unos veinte años más de lo que vive un chileno medio. No le tuvo miedo a la longevidad, seguro como estaba de que la justicia de los pueblos del sur no llega nunca. Al final el tiempo no perdona, certifica sin piedad nuestra vergüenza y posterga a nunca más el castigo a los culpables. Un día de luto, nada que festejar.

Maby dijo...

Gracias Mariano, la verdad es que pienso exactamente lo mismo que vos. Veo con mucha tristeza como estos torturadores, asesinos, ladrones van envejeciendo y muriéndose sin ser juzgados, sin ser condenados. Lo de Pinochet me dio una angustia muy grande fue un golpe. Fue darme cuenta que esta gente nunca va a tener su castigo.