Dejando de a poco
Y así es como paso el tiempo, dibujándote para que te quedes a mi lado, borrándote para no tener que recordarte. Y vos nunca llegás. Por eso es hora de soltar la pluma, de romper la hoja, para siempre. La mano se abre despacio, y va quedando en ella el dolor de la marca. Es hora de perder tu contorno de mi vista, de abandonarte en el desierto y no mirarte nunca pero nunca más. No volver la vista atrás era el mandato. Debí haberlo cumplido en aquel entonces.
(gracias Juanjo, por el asesoramiento literario)






